Esas ganas irresistibles de gritar tu nombre en medio de la calle, con todas mis fuerzas, esperando que lo escuches y me respondas. Ese deseo de correr por la ciudad, intentando encontrarte en alguno de esos callejones donde sueles pasear. Ese anhelo de verte y abrazarte desesperadamente. De estar entre tus brazos. De que me sostengas entre ellos. Esa profunda necesidad de reflejarme en tus ojos, ésos que tanto adoro, y me susurres un "te quiero" con tu mirada.
Esas ilusiones que reprimo, todas ellas me están matando. Créeme que no es esto lo que quiero. Te arrancaría de mi memoria. Borraría tu nombre de mis recuerdos. Lo ahogaría en el olvido. Pero es él el que me está ahogando a mí. Pensé que este era un capricho que poco a poco se desvanecería, como las huellas que se pierden en la arena bajo el glorioso y azul manto del mar. Pero ha durado más de lo que esperaba.
Algo hay. Algo hay que no permite que tu llama se extinga. Una fuerza superior que no puedo entender. Un ser caprichoso que decidió hacer que me fijara en ti. Tal vez para echarse unas risas a mi costa, porque sabía que me vería escribir estupideces como estas. O tal vez porque planeó que algún día valdría la pena.
¿Y sabes qué? Si nada dura para siempre, esto tampoco debería. Pero por mucho que pase el tiempo sé que habrá algo clavado en mí. Y sólo pueden pasar dos cosas : Que se marchite, o que florezca.
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