Me ayudó cuando me estaba hundiendo. Cuando todo se venía abajo ella me tendía una mano y me sacaba de entre los escombros. Siempre concordaba perfectamente conmigo. Me reprendía cuando debía hacerlo y me daba la razón cuando la tenía. Cuando mis oídos estaban rasgados de escuchar tantos gritos, ella venía y los acariciaba, los curaba. Me sanaba. Hacía reposar mi mente cansada. Me raptaba y me llevaba a su mundo. Era capaz de sacarme de la realidad. Ella me hacía soñar sin necesidad de dormir. Me hacía imaginar sin tener que pensar. Me hacía plantarme frente al mundo y decir : Aquí estoy. Me hacía sacar toda la rabia que llevaba dentro, toda la ira. Me hacía llorar cada vez que necesitaba derramar lágrimas y sonreír cuando la escuchaba hablar sobre los viejos tiempos. Ella me inspiraba cada vez que mi fuente de ideas empezaba a secarse. Revivía mi espíritu. Hacía arder mis ojos de euforia.
Siempre estuvo conmigo cuando la necesitaba. Y sigue estando.
Puedes sentirla por todas partes. Nos une. A ti y a mí. Le debo demasiadas cosas. Y todo se resume en dos palabras.
Gracias, música.
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