lunes, 28 de abril de 2014

Parte de nosotros.

Mundo gris, mundo oscuro, mundo muerto, mundo cruel, mundo desastroso, mundo en caos, mundo hecho pedazos, mundo roto. 

Mundo sucio, mundo manchado de sangre, mundo de asesinos; mundo en el que vivimos, mundo que hemos creado, mundo que permitimos.










Planeta Tierra. Planeta de humanos. Planeta que día a día construimos reflejando lo que somos : Bestias.

viernes, 11 de abril de 2014

Domesticados. (2ª parte)

   Debemos buscar la felicidad, amigos. No el dinero. Lo digo porque hoy lo hacen todo por dinero. Absolutamente todo.
   Enseñan porque les pagan. No nos engañemos : Si a esos tíos no les pagaran, definitivamente no nos darían clases. El encanto de compartir los conocimientos ya se ha perdido. Me atrevería a decir que hoy en día los niños no asisten a la escuela porque quieren aprender, (aunque a veces lo hagan) sino simplemente porque están obligados a ello.
   Cuando eres pequeño aprendes y te gusta, pero llega un momento en tu vida en el que maduras y te das cuenta de que todo está planeado para domesticarnos desde enanos. Vamos a esas "cárceles" porque no tenemos otra opción. Nos limitamos a escuchar, memorizar y repetir como papagayos cosas que no nos interesan.
   No abren nuestras mentes, sino que nos la cierran y limitan nuestros conocimientos a cosas predeterminadas.

   ¿Y el arte? ¿Qué ha pasado con él? ¿Qué es un ser humano sin amor por el arte? ¿Quién es un ser humano sin el arte? El arte lo abarca todo. Más de lo que podáis imaginar. No es sólo música o pintura. Incluso una sonrisa puede ser un arte. ¿Para qué queremos tantos conocimientos vanos si luego perdemos la magia de vivir? La vida, como he dicho en otras entradas, es preciosa. ¡Debería de serlo! Pero este sistema ha hecho de ella una auténtica desgracia.

 
   En estas dos entradas, (que realmente son una) sólo he hablado de la educación. ¿Por qué? Bueno, porque la educación es la base de todo. Los jóvenes de hoy en día somos los que vamos a quedar cuando esta generación de ratas se vaya. No podemos inculcar a los niños la misma mentalidad que pretende conseguir este sistema. De nosotros depende nuestro futuro. No podemos quedarnos cabizbajos, dejándonos llevar por esta corriente de agua contaminada. Hay que gritar. Hay que luchar. Hay que conseguirlo.

   Al fin y al cabo nosotros somos los que realmente nos gobernamos. Ellos no pueden hacer nada si nos oponemos. ¿Nos van a llevar a rastras? Pueden usar la violencia, sí. Y es lo que hacen. Pero no toda la vida.

   No espero conseguir mucho desde un par de entradas, ya que lo que está establecido, está establecido. Pero desde luego no soy la única que opina esto sobre la educación. Hay muchas más personas que se lo callan. Aún así tengo fe en un cambio. Han habido varias revoluciones a lo largo de la historia. Sé que estamos cerca de otra. Cada vez más.

   Sólo unas últimas palabras. Para este sistema educativo : Fuck you! Y para vosotros, que estáis leyendo esto : ¡Viva la resistencia!

jueves, 10 de abril de 2014

Domesticados. (1ª parte)

   Debemos ir a una hora determinada, y si faltamos, obligatoriamente tenemos que dar una justificación, (claro, una convincente). Debemos tener la autorización de otras personas, (que en principio no tienen ningún derecho de ordenarnos) para hacer cualquier cosa. De la misma forma, no podemos salir sin el permiso de alguien indicado.
   Al llegar nos sentamos y esperamos una señal para saber cuándo podremos hablar o levantarnos. Nos dicen cuándo entrar y cuándo salir. Cuándo comer y cuándo ir al servicio. Además, en el caso de que te den el permiso para hablar, te dicen de qué debes hablar y cómo hacerlo.
   Si incumples alguna de esas patéticas normas, puedes ser castigado.



   Quieren hacer el papel diciendo que intentan inculcarnos valores como la solidaridad, la paz o la generosidad; pero lo único que hacen es plantar en nosotros semillas de competitividad, odio, rabia y asco. Asco por este sistema. Hablan de la "Calidad humana" pero a ellos eso les importa una mierda. Bueno, pondré un poco de freno. Siempre hay alguien a quien de verdad le importa. Pero a la mayoría no. 
   Nosotros ahí somos números. No evalúan nuestras verdaderas capacidades. Ni siquiera nos ayudan a descubrir cuáles son nuestros verdaderos dotes ni a desarrollarlos.  Simplemente nos "enseñan" qué hacer y cómo. Obviamente, nosotros como auténticos gilipollas nos sometemos.

   No nos hemos dado cuenta porque nos han criado así, pero pensadlo. Desde que aprendimos a hablar y escribir o sumar y restar, estamos siempre sometidos a autoridades. Y no malinterpretéis. La obediencia a los padres es un valor del que estoy completamente a favor. Ellos han pasado por nuestro mismo lugar. Pero de eso no es de lo que trato aquí.

   Estoy hablando de lo que hoy en día llamamos "educación". ¿Educación? ¿Qué educación ni qué mierdas? Sólo tienes que preguntarle a un niño de seis años que qué quiere ser de mayor. ¡A ver cuántos de ellos te responder que quieren ser felices! ¿Y sabéis qué es lo que me da más coraje? Que si responden "feliz", ¡los adultos se ríen! ¡No lo toman enserio!

   Pues que sepáis que si vais por la vida en busca de algo que no es felicidad, nada os servirá jamás para nada. Sólo para pudriros por dentro.

[...]

martes, 8 de abril de 2014

Unos vienen, otros se van.

  Me acerqué a él. A su anciano cuerpo arrojado sobre aquella camilla. Reposando en cada detalle de sus numerosas arrugas que lo hacían precioso. Arrugas que dibujaban toda una vida en su rostro, que narraban una historia. Huellas de sonrisas y llantos. Lo miré a los ojos. Eran profundos y cenagosos. Además estaban muy cansados, apenas podía percibir sus parpadeos. La poca viveza que le quedaba se ahogaba titilando a través de ellos.

  Sentí un impulso y no lo pude reprimir. Le tomé suavemente la mano. Daba la sensación de que si ejercía alguna fuerza, por mínima que fuera, sus huesos se romperían y sus dedos se harían pedazos. Su piel estaba desgastada. Tenía la muñeca hinchada y con moretones. Podía ver cómo sus venas se extendían como ramas de árboles. Me pregunté si realmente era sangre lo que corría por ellas. Por un momento sentí que le estaba dando la mano a la propia muerte. Era ella, en persona.

  Me entraron ganas de llorar. No lo hice.

  Pensar que algún día seré yo la que esté al borde de un precipicio del que sé que jamás podrán sacarme si caigo... Creo que los ancianos son una de las personas más valientes que pueden haber. Digas lo que digas estar ahí da miedo.
No te despides sólo de tus amigos o tu familia, de tus logros o tus pertenencias, de tu pasado o tus recuerdos. Te despides de la vida.
  Bueno, te despides si puedes. No todos tienen la oportunidad de decir adiós.

  Entonces le solté poco a poco la mano. Intentando dejarla intacta, en el mismo lugar; como cuando coges algún objeto de valor y lo devuelves a su sitio con cuidado.

  En pocos días esas manos sólo serían los restos de una historia que jamás fue contada, ni lo sería. La vida dura un segundo y la muerte una eternidad. No malgastes lo que tienes.

miércoles, 2 de abril de 2014

Tú, precios@.

  Esta entrada se la dedico a las personas que se sienten, o que alguna vez se han sentido, como la más mísera mierda de este mundo. Y lo digo claramente. A esas personas que creen que son lo peor. Que siempre estarán por debajo de los demás. Y que por la razón que sea, desean desaparecer.

  Tal vez haya cosas que no se te den muy bien, como alguna asignatura o hobbie. O te gustaría dedicarte a algo, pero los demás te dicen que no es lo tuyo, que no eres capaz, que no lo lograrás; o simplemente que no tiene salida. 

  Puede que no te guste tu físico, que quieras ser más alto/a o más bajo/a; tener otro cuerpo, como esos que vemos día a día en los modelos por cualquier medio (hasta sin querer, ya que la calle está llena de carteles donde sólo venden la imagen). Puede que no te guste tu sonrisa, tus labios, tu nariz, tus ojos o tus orejas. Incluso tus manos. Suena patético cuando lo nombras todo, ¿verdad?

  Quizás te discriminen por hacer algo que te gusta y que sabes que realmente se te da bien, pero no está bien visto o no es lo suficientemente bueno para los demás. Por escuchar algún tipo de música. Por tener otras ideas o pensar otras cosas. Por atreverte a ser diferente.

  Además, ¿quién dice lo que es feo y lo que es bonito? ¿Quién dice que tienes que medir esto o lo otro? ¿Quién dice cómo deben ser tus ojos, tus dientes, tu nariz, tus orejas o tus labios? ¿Quién dice cómo debes vestir? ¿Quién dice cómo debes andar o hablar? ¿Quién dice cuánto debes pesar, o qué talla de pantalón o de sujetador debes tener? ¿Quiénes son ellos para decirlo? Y es más, ¿quiénes son ellos para discriminar al que no siga esa patética regla?
  ¿Quién dice lo que debes estudiar o a qué te debes dedicar? ¿Quién dice lo que debes y no debes saber? ¿Quién dice lo que debes pensar o creer? ¿Quién dice lo que te debe gustar y lo que no, qué música escuchar? ¿Quién dice cuándo debes hablar, levantarte, sentarte, comer o salir a la calle? ¿Quién dice cuándo debes llorar o reír? ¿Quién dice cómo debes ser?


  Ellos no tienen derecho a decidirlo.

  Tú sí.

 Ey, si eres una de esas personas que creen que todo el mundo está en tu contra, o sólo estás pasando una mala racha en la que todo te revienta en la cara, escúchame : Yo estoy contigo. Y los demás que se sienten como tú, también. No eres el/la único/a. Si nos coordinamos bien podemos juntarnos todos y crear una buena panda de pringados. Pero pringados inteligentes, con calidad humana, con un corazón, que se atreven a ser diferentes, originales, especiales, valientes, fuertes, que sienten, que aman, que viven, que sueñan. Que pueden.

  Deja de mirar al suelo y levanta esos ojos preciosos. Disfruta de la vida porque, oye, merece la pena. Sonríe. Sí, por mucha mierda que tengas encima. Sonríe.