jueves, 10 de abril de 2014

Domesticados. (1ª parte)

   Debemos ir a una hora determinada, y si faltamos, obligatoriamente tenemos que dar una justificación, (claro, una convincente). Debemos tener la autorización de otras personas, (que en principio no tienen ningún derecho de ordenarnos) para hacer cualquier cosa. De la misma forma, no podemos salir sin el permiso de alguien indicado.
   Al llegar nos sentamos y esperamos una señal para saber cuándo podremos hablar o levantarnos. Nos dicen cuándo entrar y cuándo salir. Cuándo comer y cuándo ir al servicio. Además, en el caso de que te den el permiso para hablar, te dicen de qué debes hablar y cómo hacerlo.
   Si incumples alguna de esas patéticas normas, puedes ser castigado.



   Quieren hacer el papel diciendo que intentan inculcarnos valores como la solidaridad, la paz o la generosidad; pero lo único que hacen es plantar en nosotros semillas de competitividad, odio, rabia y asco. Asco por este sistema. Hablan de la "Calidad humana" pero a ellos eso les importa una mierda. Bueno, pondré un poco de freno. Siempre hay alguien a quien de verdad le importa. Pero a la mayoría no. 
   Nosotros ahí somos números. No evalúan nuestras verdaderas capacidades. Ni siquiera nos ayudan a descubrir cuáles son nuestros verdaderos dotes ni a desarrollarlos.  Simplemente nos "enseñan" qué hacer y cómo. Obviamente, nosotros como auténticos gilipollas nos sometemos.

   No nos hemos dado cuenta porque nos han criado así, pero pensadlo. Desde que aprendimos a hablar y escribir o sumar y restar, estamos siempre sometidos a autoridades. Y no malinterpretéis. La obediencia a los padres es un valor del que estoy completamente a favor. Ellos han pasado por nuestro mismo lugar. Pero de eso no es de lo que trato aquí.

   Estoy hablando de lo que hoy en día llamamos "educación". ¿Educación? ¿Qué educación ni qué mierdas? Sólo tienes que preguntarle a un niño de seis años que qué quiere ser de mayor. ¡A ver cuántos de ellos te responder que quieren ser felices! ¿Y sabéis qué es lo que me da más coraje? Que si responden "feliz", ¡los adultos se ríen! ¡No lo toman enserio!

   Pues que sepáis que si vais por la vida en busca de algo que no es felicidad, nada os servirá jamás para nada. Sólo para pudriros por dentro.

[...]

No hay comentarios:

Publicar un comentario