jueves, 11 de septiembre de 2014

Perro ladrador, poco mordedor.

  Estás en contra de lo que ha sido así desde que naciste, pero te ves tan pequeño, tan insignificante para cambiarlo... Te conciencias de que cada día enfocas más tu vida como una máquina y no como un humano y de que no puedes vacilar al sistema simplemente siendo la persona más rebelde o más pacífica; así que te creas un blog. Te creas un blog donde como en otros miles sueltas la mierda que le dirías al rey a la cara.  Sabes que un blog más o uno menos no hace diferencia pero bueno, al fin y al cabo es para ti.

  Como eres de las personas que piensas: "Joder, es que está en nuestras manos cambiar" escribes una entrada en la que vocerías: "¡Revelémonos!". Desde el sofá y en pijamas subes la entrada completamente orgulloso de haber hecho pública tu indignación, pero como no empieces levantándote y cambiando tú... nadie te va a seguir.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Pesadillas, pesadillas.

  Puedo ver un un siniestro monstruo, un demonio que está sentado a la mesa. Hay varios papeles sobre ella, un candelabro que ilumina y varias herramientas para el cabello como peines y tijeras. Enfrente de él, un banquillo y a sus lados, otros dos demonios. Una larguísima fila de almas está esperando tras el banco.

  El demonio da paso a cada alma, una por una. Ahora es el turno de la de un anciano. Yo lo puedo ver con apariencia humana. Su cara está completamente envestida por dolor y miedo, está en los huesos y da pánico el mirarle a los ojos. El gran demonio ordena a los otros dos que hagan su trabajo. Va dictando diferentes posturas al alma y ella debe obedecer. Los demonios agarran las herramientas. Empiezan con las tijeras. Le están cortando la barba. Estoy completamente desconcertada, no entiendo nada. Ahora cogen los peines. Oh, Dios mío... Las aspas de los peines son cuchillas. ¿Qué le van a hacer?

  Empiezan a arañar su piel y acaban desgarrándola. No puedo seguir viendo esto. Que paren ya por favor... Sangre, todo el banquillo está cubierto de sangre. ¿Por qué torturan así a estas pobres almas? No puedo hacer nada para pararlos, ni siquiera pueden verme.

  Le han roto el cuello. Acaban de romperle un cuello como si fuera un ave. Uno de los dos demonios se encarga de él y lleva el alma a rastras a otra habitación.
El gran monstruo hace un gesto con la mano: Es el turno del siguiente. Ahora todo pasa muy, muy rápido; un alma y otra, y otra y otra en cuestión de segundos. Por más prisa que se den, la fila no termina nunca.