Antes la pequeña niña echaba de menos los besos de buenas noches de su padre. Caminar abrazada y hablar por la calle con su padre. Que su padre le pidiera ayuda para abrir algún bote cuando estaba cocinando con las manos llenas de harina o pan rallado y huevo. Ver películas con su padre los fines de semana en el salón. O que su padre le diera la mano al cruzar las carreteras, aunque ella no lo necesitaba.
Antes la niña echaba de menos el instinto paternal de su padre.
Ahora la pequeña niña echa de menos tener que ir ella a darle el beso de buenas noches a su padre. Caminar por la calle con su padre aunque no hablara con él. Saborear la deliciosa comida cocinada por su padre, aunque no le hubiera pedido ayuda. Leer los fines de semana en el salón con su padre, aunque estuvieran separados. O cruzar las carreteras sabiendo que su padre la protegería ante cualquier descuido, aunque no le cogiera la mano.
Ahora la niña echa de menos a su padre porque sabe que jamás lo volverá a ver.

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