Llevamos parados media hora. Según nos han dicho, la máquina se ha estropeado. Van a cambiarla por otra pero eso toma lo suyo. Nos dicen que nos bajemos mientras tanto. La gente ahí fuera habla, llama por teléfono, come, estira las piernas; unos respiran la brisa de la tarde y otros el humo de su cigarrillo. Yo también voy a bajar. Necesito ver el cielo sin que sea a través de cristales.
¡Acaba de dar un tumbo! ¡Venga, venga ya por favor! Voy a quitarme los zapatos para subir los pies al asiento. Puede quedar feo pero en esta situación ese tipo de educación me da absolutamente igual. Además no soy la única. Casi tres horas perdidas. Me alegro de tener unas golosinas conmigo. Es gracioso. No sé cómo pero me hace gracia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario