Pienso que te has ido. Creo que al fin has desaparecido de mi vida. Supongo que ya he conseguido olvidarte. Puede que ya no esté atada a nadie, pero, si ya no eres nada en mi vida, ¿por qué cada vez que escucho tu nombre mi corazón se acelera? ¿Por qué si me hablas me tiemblan las manos? ¿Por qué cada vez que oigo hablar sobre ti siento un cosquilleo por todo mi cuerpo?
Te lo suplico, déjame en paz. Quiero que te vayas de mi mente. Quiero que salgas de mis recuerdos. No quiero que me hables, ni siquiera verte por la calle; pero aún así lo necesito. Necesito tenerte a mi lado. Mis deseos luchan contra mi voluntad. No lo soporto. Destrózame y vete para siempre, o hazme la más feliz del mundo estando a mi lado, pero no me dejes así. Porque siento que vienes, te vas, vienes y te vas; pero siempre te quedas.
Sé que si estuvieras frente a mí, me derretiría viendo cómo me reflejo en tus preciosos ojos. No sería capaz de mantenerme en pie sin suplicar me sostuvieras en tus brazos. Lo siento, pero es que te quiero. Si de verdad existe ese niño que mientras revolotea lanza flechas, al azar, o planeando lo que hace, estoy segura de que me ha dado. Es curioso cómo una persona puede cambiar completamente tu vida.
Soy la reina del patetismo, pero me da igual. El amor en sí es patético. Patéticamente loco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario